A lo largo de la historia, no todas las ejecuciones resultaron tan ‘limpias’ como se esperaba. La revista británica HistoryExtra recopiló nueve casos en los que la pena capital se convirtió en un episodio macabro por errores humanos, mala suerte o pura improvisación.
Uno de los casos más conocidos es el de María, reina de Escocia, condenada por conspirar contra su prima Isabel I. Durante su decapitación en 1587, el verdugo necesitó tres golpes de hacha para separar su cabeza del cuerpo. Para colmo, se descubrió que su perrito había permanecido escondido bajo su vestido durante todo el proceso.
Algo similar le ocurrió a Thomas Cromwell, hombre de confianza de Enrique VIII, cuya ejecución en 1540 fue descrita por testigos como torpe y prolongada, presuntamente a manos de un verdugo inexperto.
En el siglo XIX, el inglés John ‘Babbacombe’ Lee sobrevivió tres intentos fallidos de ahorcamiento cuando la trampilla del patíbulo se negó a abrirse, por lo que su condena terminó conmutada a prisión. Por su parte, el forajido estadounidense Tom ‘Black Jack’ Ketchum fue decapitado accidentalmente en 1901 cuando la soga usada resultó demasiado larga para su peso.
Si quieres conocer el resto de estas historias escalofriantes, no te pierdas la nota original de HistoryExtra.
Fuente: Botched executions: 9 death sentences from history that didn’t go to plan (HistoryExtra).
Imagen: janebelindasmith, BY 2.0 (vía Openverse).
