Durante casi siete semanas, un tribunal de Massachusetts, Estados Unidos, mantuvo en vilo al país con el caso de Lindsay Clancy, una enfermera de 36 años acusada de asesinar a sus tres hijos: Cora, de 5 años; Dawson, de 3, y Callan, de apenas 8 meses. Según la acusación, Clancy los estranguló y después se lanzó por la ventana de un segundo piso, lo que la dejó paralizada.
La defensa argumentó que Clancy actuó bajo los efectos de una psicosis posparto, un trastorno poco común que puede provocar alucinaciones, delirios y pérdida de contacto con la realidad tras el parto, por lo que no debería ser considerada penalmente responsable. La fiscalía, en cambio, sostuvo que los homicidios fueron intencionales y planeados. Durante el juicio declararon más de diez peritos, y algunos incluso pusieron en duda que la psicosis posparto sea un diagnóstico reconocido oficialmente por la asociación de psiquiatría de ese país.
El viernes pasado, tras 40 horas de deliberación, el jurado no logró llegar a un veredicto unánime y el juez declaró un juicio nulo. La falta de acuerdo reflejó la misma división que se vive fuera de la corte: afuera del juzgado, decenas de mujeres vestidas de rosa mostraron su apoyo a Clancy, mientras otras familias, incluso dentro de un mismo hogar, discrepan por completo sobre si merece tratamiento psiquiátrico o prisión.
Te invitamos a leer la nota original de la BBC para conocer más detalles de este caso que ha puesto el tema de la salud mental posparto en el centro del debate público.
Fuente original
feeds.bbci.co.uk
Versión en español elaborada con asistencia de IA.
Imagen: srqpix, BY 2.0 (vía Openverse).
