Desde 1989, el astrofísico Jonathan McDowell lleva un registro detallado de todo objeto humano que orbita la Tierra. Por eso, cuando se enteró de que la empresa Reflect Orbital planea lanzar un satélite capaz de reflejar la luz del sol hacia el lado nocturno de nuestro planeta, no ocultó su preocupación: para él, la oscuridad también cumple un propósito importante.
La compañía, con sede cerca de Los Ángeles, imagina un futuro con ‘luz solar a la carta’: iluminar zonas de desastre para labores de rescate, alumbrar festivales nocturnos o mantener funcionando granjas solares las 24 horas. Sin embargo, astrónomos y organizaciones dedicadas a proteger los cielos oscuros temen consecuencias graves, desde interferencias en observaciones astronómicas hasta riesgos para la salud humana y la fauna silvestre.
En marzo, la Sociedad Astronómica Estadounidense pidió a la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos negar el permiso para operar el satélite de prueba. Aunque la agencia lo aprobó en julio, grupos como DarkSky International insisten en revertir la decisión.
El caso ocurre justo cuando el número de satélites activos ha pasado de 2 mil en 2018 a más de 16 mil en la actualidad, generando temores de colisiones y saturación espacial. Expertos legales señalan que la regulación internacional, nacida durante la Guerra Fría, no está lista para casos como este.
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Fuente original
Science News
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Imagen: s58y, BY 2.0 (vía Openverse).
