La Naegleria fowleri, apodada la ‘ameba come cerebros’, normalmente vive tranquila en estanques y cuerpos de agua dulce templada, donde se alimenta de bacterias en el sedimento. Pero en muy raras ocasiones puede entrar por la nariz de alguien que nada en esas aguas y abrirse paso hasta el cerebro, donde destruye tejido y se reproduce, casi siempre con consecuencias fatales. En Estados Unidos se registran menos de 10 casos al año, generalmente en temporada de calor, pero la mayoría termina en la muerte del paciente.
Un equipo liderado por Lillian Fritz-Laylin, bióloga celular de la Universidad de Massachusetts Amherst, decidió investigar qué hace que esta ameba sea tan efectiva para llegar al cerebro. Como trabajar directamente con la especie peligrosa es riesgoso, usaron una prima inofensiva, la N. gruberi, que comparte comportamientos similares. Al observarlas bajo el microscopio moviéndose por canales diminutos de vidrio, descubrieron que estos organismos son increíblemente persistentes: casi nunca retroceden una vez que entran a un pasaje angosto, y hasta aceleran el doble de velocidad cuando están confinadas, comparadas con las que se mueven libremente.
Según la investigadora, este comportamiento tipo “robot” seguramente evolucionó para cazar bacterias entre los sedimentos, pero resulta que las mismas habilidades podrían explicar por qué, en el peor de los casos, la ameba logra avanzar sin detenerse desde la nariz hasta el cerebro. Te invitamos a leer la nota original de Science News para conocer todos los detalles de este hallazgo.
Fuente: Here’s how brain-eating amoebas may infect people (Science News).
Imagen: Sebastien Colin, Luis Pedro Coelho, Shinichi Sunagawa, Chris Bowler, Eric Karsenti, Peer Bork, Rainer Pepperkok, Colomban de Vargas, BY 4.0 (vía Openverse).
