Alejandro Magno sobrevivió a heridas que hubieran matado a cualquiera: una flecha en el pecho, golpes de piedra, incluso un pulmón colapsado. Por eso resulta tan irónico que, cuando murió en Babilonia (en el actual Irak) en el año 323 a.C. a los 32 años, no hubiera dejado ningún plan de sucesión para su imperio, el más grande que se había visto hasta entonces.
Según Edmund Richardson, profesor de la Universidad de Durham y autor de un libro sobre el conquistador, Alejandro simplemente nunca imaginó morir tan joven, a pesar de haber estado al borde de la muerte en innumerables ocasiones durante sus campañas militares, que lo llevaron desde Grecia y Egipto hasta territorios de lo que hoy es Pakistán e India.
Sin un heredero claro, el caos no tardó en llegar. Sus generales comenzaron a pelear por el poder casi de inmediato, y varios gobernadores de provincias aprovecharon para intentar formar sus propios pequeños reinos. Aunque algunas versiones antiguas cuentan que Alejandro entregó su anillo real a su comandante Perdicas, esto no resolvió nada: ni su esposa Roxana, embarazada en ese momento, ni su hermanastro con una discapacidad intelectual eran opciones claras para gobernar. El ejército terminó dividido y el imperio, fragmentado.
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Fuente: Alexander the Great's empire crumbled into chaos after his death. How did it fall apart so quickly? (HistoryExtra).
Imagen: The_Roman_Empire_ca_400_AD.png: Cplakidas
derivative work: ChrisO (talk).
