Antes de que existiera el cristianismo, Roma ya tenía su propio relato de salvación divina: el del emperador Augusto, su primer gobernante y uno de los personajes más poderosos de la historia antigua. Según el clasicista Tim Whitmarsh, alrededor de la figura de Augusto circulaban historias de un nacimiento prodigioso, promesas de paz y prosperidad, y el anuncio oficial de ‘buenas noticias’ para el imperio.
Ese término, ‘buenas noticias’, es justamente la traducción de la palabra griega ‘evangelion’, de donde viene nuestro ‘evangelio’. En la propaganda política romana, el nacimiento y el gobierno de Augusto se celebraban como el inicio de una nueva era de salvación para el mundo conocido, un lenguaje que los ciudadanos del imperio escuchaban constantemente en templos, monedas e inscripciones oficiales.
Whitmarsh sostiene que los primeros cristianos, que predicaban dentro de ese mismo imperio romano, no inventaron este vocabulario desde cero: lo adaptaron de manera estratégica. Al describir a Jesús con términos como ‘salvador’ y ‘buenas nuevas’, conectaban su mensaje con un lenguaje que la audiencia romana ya conocía y asociaba con poder y esperanza, facilitando así la difusión de una nueva fe en un territorio dominado por el culto al emperador.
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Fuente: Was the story of Jesus inspired by Emperor Augustus? The clever trick early Christians used to convert ancient Rome (HistoryExtra).
Imagen: archer10 (Dennis), BY-SA 2.0 (vía Openverse).
