El 26 de agosto comenzó como un día cualquiera para Prakash Pyakurel, comerciante de 43 años en el poblado de Dhunge Bazaar, en el norte de Nepal. Todo cambió cuando escuchó, apenas unos minutos antes de que el desastre llegara, un aviso de evacuación por altavoz que casi nadie alcanzó a entender con claridad. Para cuando su familia decidió actuar, ya era demasiado tarde: una imponente pared de agua y escombros arrasó su casa, obligándolos a subir piso por piso hasta el cuarto nivel para sobrevivir. Su vivienda, apodada después la “casa verde milagrosa” en videos que se volvieron virales, resistió contra todo pronóstico. Miles de personas a lo largo de casi 100 kilómetros del río Trishuli no corrieron con la misma suerte.
La causa fue una avalancha de roca y hielo con una energía comparable a la de una explosión atómica, que desató un flujo de escombros devastador. Al 24 de septiembre, la cifra de muertos superaba los 1,400, con más de 5,000 personas todavía desaparecidas, según reportan científicos que ya califican el evento como uno de los desastres geológicos más catastróficos registrados. El problema, señalan expertos, es que la tragedia no tenía por qué haber sido tan letal: los sensores fluviales encargados de emitir alertas quedaron destruidos por el propio flujo, y la coordinación entre autoridades locales fue prácticamente nula, dependiendo de mensajes de texto y megáfonos de mano.
Ahora Nepal enfrenta la urgencia de repensar cómo anticiparse a este tipo de fenómenos, cada vez más frecuentes en cordilleras como los Alpes, los Andes y el propio Himalaya. Según geógrafos consultados, predecir con precisión estos colapsos sigue siendo prácticamente imposible, aunque el monitoreo de lagos glaciares mediante satélites podría ofrecer alertas más tempranas ante crecidas similares.
Si quieres conocer todos los detalles de esta historia y las voces de quienes la vivieron, te invitamos a leer la nota completa en Science News.
Fuente: In the wake of the flood, could Nepal avert the next disaster? (Science News).
Imagen: Chris Eilbeck, BY-SA 2.0 (vía Openverse).
