Durante siglos, la rosa azul fue solo una metáfora para lo imposible, pero eso cambió gracias a un equipo de investigadores del Suntory Global Innovation Center, en Kioto, Japón. Desde 2004 habían logrado insertar en una rosa el gen de una enzima capaz de producir delfinidina, un pigmento azul, pero el resultado fue más bien morado. Esto reveló que el color azul en las flores no depende únicamente del pigmento, sino también de unas moléculas casi transparentes llamadas ‘co-pigmentos’, que estabilizan el color y lo intensifican.
Para lograr un azul real, el equipo insertó cuatro genes de otras plantas en una rosa rosa pálido: uno de las campánulas (Campanula medium), que ayuda a producir varios pigmentos azules, y tres genes provenientes de la flor torenia y de la genciana, que generan los co-pigmentos necesarios. La combinación del pigmento malvidina con un co-pigmento llamado isoorientina produjo flores mucho más azules que los intentos anteriores, según anunciaron los científicos el 25 de agosto en el 32º Congreso Internacional de Horticultura, celebrado en Kioto.
Las rosas modificadas fueron clasificadas como ‘azul violeta’ en una carta de colores floral y mantuvieron su tono durante siete años en invernaderos japoneses y tres años en campos de cultivo en Colombia. El equipo espera seguir perfeccionando el matiz en el futuro.
Si te interesa conocer más detalles de este logro genético, te invitamos a leer la nota original en Science News.
Fuente: Finally, a true blue rose exists (Science News).
Imagen: AtelierGwendolyne, BY-ND 2.0 (vía Openverse).
