En mayo de 1945, en medio de los escombros de Berlín, investigadores soviéticos hallaron restos dentales que resultarían clave para confirmar la muerte de Adolf Hitler. Para comprobarlo, localizaron a su asistente dental y al técnico que le había hecho trabajos odontológicos muy particulares. Ambos reconocieron de inmediato las piezas: no había duda de que pertenecían al líder nazi.
Según cuenta la historiadora Caroline Sharples, autora de ‘The Long Death of Adolf Hitler’, el organismo encargado de la investigación fue SMERSH, la temida contrainteligencia militar soviética. Sus equipos recuperaron los cuerpos calcinados de un hombre y una mujer cerca del búnker donde Hitler se había refugiado junto a Eva Braun, y realizaron autopsias. La identificación dental terminó siendo la evidencia más sólida, mucho más confiable que comparar un cadáver quemado con fotografías.
Sin embargo, esa certeza nunca llegó al público. Mientras los expertos soviéticos tenían pruebas contundentes, el gobierno de Moscú insistía en que no se había encontrado nada concluyente. Incluso el mariscal Gueorgui Zhúkov llegó a sugerir que Hitler podría haber escapado, quizás hasta España. Para los soviéticos, mantener esa ambigüedad resultaba políticamente útil: en plena tensión con Estados Unidos y Gran Bretaña tras la conferencia de Yalta, la incertidumbre sobre el paradero de Hitler servía para sembrar sospechas y ganar ventaja diplomática.
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Fuente: The Soviets found proof of Hitler's death. So why did they hide it from the world? (HistoryExtra).
Imagen: ftrc, BY-SA 2.0 (vía Openverse).
