Cuando los viajeros del Mediterráneo armaban sus listas de maravillas arquitectónicas en la antigüedad, el Templo de Artemisa siempre aparecía entre las favoritas. El poeta griego Antípatro de Sidón, quien vivió en el siglo II antes de Cristo, llegó a decir que ni las pirámides ni los jardines colgantes de Babilonia se comparaban con la grandeza de este santuario.
Ubicado en lo que hoy es Selçuk, Turquía (cerca de la antigua ciudad de Éfeso), el templo llegó a medir casi el doble que el Partenón de Atenas. Contaba con 127 columnas decoradas con escenas de la mitología griega y, en su interior, albergaba una estatua de Artemisa, diosa griega de la cacería y los animales salvajes. Sin embargo, en Éfeso se le veneraba sobre todo como protectora del parto y la fertilidad, por lo que su representación incluía figuras ovaladas en el torso que simbolizaban pechos o huevos, muy distinta a la imagen tradicional de la diosa como una joven cazadora.
Lo curioso es que este edificio, el que conocemos como Maravilla del Mundo Antiguo, fue en realidad la tercera versión del templo. La primera, construida por las legendarias amazonas en el siglo VIII antes de Cristo, se perdió por una inundación. La segunda, ordenada por el rey Creso de Lidia alrededor del año 550 antes de Cristo, se convirtió en el modelo de los templos jónicos griegos, hasta que en el año 356 antes de Cristo un hombre llamado Heróstrato la incendió solo para hacerse famoso, logrando su cometido al costo de su propia vida.
Te invitamos a leer la nota original en HistoryExtra para conocer la historia completa de este sorprendente santuario.
Fuente: It was the one of the Seven Wonders of the Ancient World – so why was it destroyed three times? (HistoryExtra).
Imagen: FullofTravel, BY 2.0 (vía Openverse).
