Durante mucho tiempo, la imagen que teníamos de la Britania anterior a los romanos era la de una sociedad de guerreros “celtas” gobernando desde fortalezas en las colinas, como el famoso Maiden Castle. Pero una investigación arqueológica en Dorset, al sur de Inglaterra, está poniendo esa idea patas arriba.
En un sitio conocido como Duropolis, cerca del pueblo de Winterborne Kingston, se encuentra el cementerio más grande que se conoce de la Edad de Hierro en Gran Bretaña. Ahí, un equipo liderado por el arqueólogo Miles Russell, de la Universidad de Bournemouth, ha desenterrado más de 50 esqueletos que están reescribiendo lo que sabíamos de esa época. Según los investigadores, estos asentamientos agrícolas —y no las fortalezas militarizadas— representan mejor la vida cotidiana de entonces.
Lo más revelador vino del análisis genético. La especialista Lara Cassidy, del Trinity College de Dublín, estudió el ADN de 55 personas enterradas ahí y encontró un patrón claro de “matrilocalidad”: dos terceras partes de la comunidad comparten el mismo linaje materno, que se remonta siete generaciones atrás hasta una sola mujer, apodada la “Eva durotrigia”, del siglo II antes de Cristo. Mientras esas líneas femeninas se mantenían intactas por generaciones, los hombres llegaban de lugares tan lejanos como Derbyshire o Francia para integrarse a hogares encabezados por mujeres.
Para los arqueólogos, este patrón es un indicador contundente de que las mujeres gozaban de un estatus social elevado, con derechos sobre la tierra y posiblemente un papel importante en rituales y creencias. Como dice la propia Cassidy, si una tuviera que elegir una época prehistórica para nacer mujer, esta pudo haber sido una muy buena opción.
Si quieres conocer todos los detalles de este hallazgo, te dejamos la nota original de History Hit.
Imagen: dynamosquito, BY-SA 2.0 (vía Openverse).
