Si alguna vez has pensado que dos cabezas piensan mejor que una, la historia del condado vikingo de Orkney (las islas Orcadas, al norte de Escocia) te hará reconsiderarlo. Durante siglos, esta región estuvo bajo control nórdico y adoptó una curiosa costumbre política: en lugar de tener un solo gobernante, repartía el poder entre varios condes que debían reinar juntos.
La idea sonaba razonable sobre el papel, pero en la práctica resultó un desastre. Compartir el trono entre rivales con ambiciones propias abrió la puerta a traiciones constantes, complots palaciegos y violencia entre quienes se suponía debían gobernar en armonía. La académica Judith Jesch se adentra en esta época para desenredar una trama de poder que parece sacada de una serie de intrigas medievales, pero que ocurrió de verdad en el helado archipiélago.
Uno de los episodios más escalofriantes involucra a un gobernante que, enfrentado a su destino, suplicó que al menos lo mutilaran de forma rápida antes de morir. Sin embargo, su rival tenía preparado un castigo todavía más cruel, prueba de hasta dónde podía llegar la crueldad entre estos líderes vikingos cuando el poder estaba en juego.
Si te interesa conocer los detalles completos de esta historia de ambición y sangre en el extremo norte de Europa, te invitamos a leer la nota original en HistoryExtra.
Fuente: This Viking ruler begged to be dismembered – but his rival had something far worse in mind (HistoryExtra).
Imagen: Colchester Museums, Caroline McDonald, 2007-01-09 11:35:45.
