Resulta que el jet lag, esa sensación de desfase que sentimos después de un vuelo largo cruzando husos horarios, no es exclusivo de los humanos. Según un estudio publicado en la revista Science, las pardelas pamperas (Puffinus puffinus), unas aves marinas migratorias, también lo experimentan, y esto puede desviarlas ligeramente de su camino.
Estas aves usan la posición del sol como una especie de brújula para orientarse en sus largos vuelos sobre el océano. Para que esto funcione, necesitan que su reloj interno esté sincronizado con la hora solar local. El problema surge cuando vuelan muy rápido de este a oeste o viceversa: la hora del lugar cambia más rápido de lo que su reloj biológico puede ajustarse, lo que confunde su brújula solar.
Investigadores de la Universidad de Oxford, liderados por el biólogo Tim Guilford, analizaron 20 años de datos de rastreo satelital de más de mil aves equipadas con dispositivos GPS miniatura, durante vuelos de hasta mil kilómetros entre colonias en el Reino Unido y zonas de alimentación. Encontraron que las aves se desviaban hasta 15 grados de su ruta esperada, incluso cuando volaban cerca de la costa y podían usar la línea costera como referencia visual.
El hallazgo sugiere que estas aves combinan distintas señales de navegación, el sol y el paisaje, sin depender ciegamente de una sola, una habilidad que podría ser clave para adaptarse a un entorno cambiante por el cambio climático. Te invitamos a leer la nota original de Science News para conocer todos los detalles de esta fascinante investigación.
Fuente: Seabirds get jet lag, too — and it can throw them a bit off course (Science News).
Imagen: Mdf.
