Si pensabas que los antiguos egipcios momificaban a sus muertos solo para que terminaran exhibidos en vitrinas de museo, hay una parte de la historia que probablemente no conocías: durante la época victoriana en Inglaterra, las momias traídas de Egipto también se usaban como combustible para trenes, lastre en barcos, fertilizante para sembradíos e incluso como materia prima para un pigmento llamado ‘Marrón Momia’, muy popular entre los pintores prerrafaelitas y que siguió vendiéndose hasta bien entrado el siglo XX.
Pero quizá lo más sorprendente es que también se las comían. La creencia de que las momias tenían propiedades curativas no nació con los victorianos, sino en la Edad Media, cuando los cruzados europeos escucharon hablar de la ‘mumiya’, una sustancia parecida al alquitrán que se encontraba de forma natural en la región persa y a la que se le atribuían poderes medicinales. Por culpa de traducciones confusas, los europeos terminaron creyendo que ese nombre se refería a los cuerpos momificados egipcios, y así nació la palabra ‘momia’.
El remedio, llamado ‘mummia’, se tomaba disuelto en alcohol o se untaba directamente en la piel, y supuestamente servía para tratar desde dolores de cabeza hasta sífilis. La demanda fue tan grande que provocó el saqueo masivo de tumbas egipcias, y cuando no alcanzaban las momias originales, algunos comerciantes sin escrúpulos vendían cadáveres recientes haciéndolos pasar por restos milenarios.
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Fuente: Would you eat an Egyptian mummy? Here's why the Victorians did exactly that (HistoryExtra).
Imagen: Boston Public Library, BY 2.0 (vía Openverse).
